21/11/20

Siguiendo el Oeste

Concluida las caminatas por el Parque me dirigí hacia Alojera, al O. de la isla, para pasar unas horas en su peculiar playa.
Una parada previa en Chorros de Espina, para visitar su famosa y venerada fuente de siete chorros, situados a unos pocos cientos de metros del caserío de Espina, a través de una pista con un suave descenso por el interior de un bosque de laurisilva. En pocos minutos se llega a la ermita de San Isidro Labrador y una escalera de piedra que pasa por varios merenderos de mesas y sillas llega hasta la pileta de los siete Chorros
Lo forman siete caños de madera, aunque algunos mayores recuerdan que antiguamente sólo había tres. La tradición popular ha llegado a considerar que su agua tiene propiedades curativas y que para beneficiarse de los poderes del agua, se debe beber de izquierda a derecha. Los hombres de los chorros impares y las mujeres, de los pares. Sólo así se podrá acceder a sus propiedades, así como a la fortuna y el amor que manan de los conductos por los que se canaliza el agua. Otra tradición asegura que los dos primeros chorros de agua corresponden a la salud, los que le siguen al amor y otros dos a la fortuna. Pero, si se es mujer y quiere quedarse embarazada ha de beber solo del séptimo, de aquel que bebían las antiguas brujas de La Gomera. Otro misterio en la isla servido gracias a la conservación de las tradiciones y leyendas populares. 
También cuenta la leyenda que “si bebes de los 7 caños, te casas en 1 año”. Amor, Salud y Fortuna concentrados en las aguas de los Chorros de Espina. Otra historia cuenta que las señoras de Vallehermoso enviaban a sus criadas a coger agua de este milagroso manantial. Para evitar cualquier engaño, pedían que trajeran una hoja del único aderno de la isla situado en el lugar. Prueba inequívoca de que el agua verdaderamente fue tomada de la fuente de Espina.
La carretera secundaria CV-16 (o camino vecinal) baja serpenteante hacia la costa, pasando por una gran cantidad de palmeras canarias, muy utilizadas en esta zona para la extracción de su rica savia para la producción de la miel de palma que es conocido Alojera. Atravesando el pequeño caserío se llega a una cala con un pequeño muelle desde el que se puede saltar al mar sin riesgo. Desafortunadamente la avenida de la playa se encontraba en obras y el poblado, por tratarse de un día entre-semana, prácticamente "despoblado". El tiempo tampoco acompañaba mucho. Viento, marea alta, olas grandes y la pequeña piscina que han acondicionado al lado de su muellito invitaba solamente a una corta estancia.
De vuelta a la carretera para bajar a Valle Gran Rey (por la GM-1) y tras pasar un primer túnel se encuentra el Mirador de Palmarejo, obra originaria del artista César Manrique, una edificación camuflada entre las rocas circundantes, que congrega elementos canarios y modernos, con jardines que exhiben numerosas plantas autóctonas del Valle, como la palmera canaria de las que se obtiene la miel de palma. Pero lamentablemente se encontraba cerrado. 
En sus diferentes miradores adosados se observa desde esas alturas, distribuidos por todo el barranco del Valle Gran Rey, algunas de las estampas más pintorescas a vista de pájaro del O. de la isla: desde la parte alta, más conocida por Guadá, paredes verticales de roca, uno de los palmerales más frondosos de la isla, laderas aterrazadas, bancales de piedras y plantaciones diversas hasta que la vista se topa con la costa.
Luego, la carretera continúa y atraviesa otro túnel que se sale a otra admirable visión: en línea descendente y salpicado por verdes palmerales, una amalgama de barrios de casitas blancas que contrastan con el verdor de sus parajes.
Sin duda alguna otro atractivo del municipio son sus playas, las mejores de la isla y donde la finísima arena negra se mezcla con el azul de sus aguas. Cuenta con la playa de Vueltas, situada junto al puerto; el Charco del Conde, una pequeña bahía con forma de piscina natural al bajar la marea; la Playa y la Puntilla, situada en la zona más al poniente y de una extensión considerable, o la Playa del Inglés, uno de los rincones más impactantes de la isla, donde la arena negra y la bravura de sus aguas se equilibran ante la espectacular pared de los riscos de la Mérica  (250mts.) en un enclave natural caracterizado por la presencia de matorral xerófilo propio de las zonas bajas, balos y cerrillos.
Con una infraestructura de apartamentos y alojamientos vacacionales muy nutrida, todo tipo de servicios de ocio y tiempo libre, bastantes restaurantes de calidad, es un destino vacacional excelente.
Había venido hasta aquí para poder subir a una de las embarcaciones que traslada a los visitantes a observar Los Órganos, un “Monumento Natural” y “Espacio Natural Protegido” en un acantilado de origen volcánico con formas de enormes columnas parecidas a tubos de un órgano que la erosión marina dejó al descubierto, modelando un conjunto de prismas surgido como consecuencia del enfriamiento lento de los materiales eruptivos. Se encuentra situado a pocos kilómetros de Vallehermoso (desde este pueblo no lo realizan), pero nuevamente la mala suerte me vuelve a acompañar. 
Como los vientos del N.E. estos días son fuertes y hay bastante marejada, han dejado de navegar hasta que el tiempo cambie a mejor. Así que me quedo si visitar una de las atracciones más espectaculares de La Gomera.
Tampoco he podido hacer buceo porque los centros están cerrados, así que tendré que intentarlo en Playa Santiago.
La siguiente parada ha sido en Vallehermoso, el municipio de mayor superficie, que alberga, de N. a S., una gran diversidad de microclimas y paisajes, de reconocido prestigio por sus vinos, su repostería y su artesanía local. Su casco histórico se dibuja en torno a la plaza de La Constitución y a los barrios de Triana y Vegueta, inspirados en los barrios del mismo nombre de la capital grancanaria. Son casas tradicionales de paredes blancas y maderas nobles, emplazadas en sus principales calles. Sus habitantes han sabido aprovechar muy bien la escasez de suelo alzando su medio de vida incluso hasta en las laderas más empinadas, y colaborando con la formación de un paisaje tan espectacular como único. Además, y gracias a sus excepcionales condiciones climáticas, se han formado auténticos oasis de palmeras de donde extraen la tradicional Miel de Palma Gomera
Un paseo por los alrededores lleva hasta la Iglesia de San Juan Bautista, enclavada en medio del barrio antiguo que recuerda el cercano pasado del pueblo. De estilo Neogótico, fue comenzada en 1815 y concluida definitivamente en junio de 2010. Realmente el templo no es muy bonito por fuera pero lo que más llama la atención es el mimo con el que los feligreses lo cuidan y adornan. Es muy luminoso y realmente acogedor y como rareza singular presenta unas imágenes al mismo nivel del visitante y no en hornacinas o en retablos. 
Tras tomar algo en el bar y charlar con algunos vecinos al atardecer bajé a su playa de "callao" para hacer noche en su zona de aparcamiento junto al Parque Marítimo, un lugar recreativo espectacular, obra de Cesar Manrique, no terminado en vida (pero dejó los planos y lo realizaron póstumamente) y que también se encuentra cerrado por COVID.
Siguiendo una estrecha carretera se llega a El Castillo del Mar, un antiguo embarcadero de plátanos, más tarde convertido en sala de arte y exposiciones pero ahora se encuentra en un lamentable estado de abandono y cerrado desde hace años. Diversos derrumbes de los riscos por donde se accede han hecho el resto de su desgracia.
En ese castillo se solían realizar una gran variedad de actividades como exposiciones de todo tipo, actuaciones, conciertos, teatro, celebraciones de reuniones, bodas y todo tipo de fiestas. En su bar servían unas excelentes tapas típicas de la isla.
El parquin del Parque Marítimo es una zona tranquila y resguardada del viento que, aunque no hacía mucho, me permitió sacar mesa y silla para disfrutar de la estancia pues con la despejada noche que hizo se podía observar claramente un firmamento lleno de estrellas.