15/11/20

Empezando La Gomera

El ferri de la Cía. Armas tarda una hora en realizar el trayecto desde el Muelle de Los Cristianos hasta el de San Sebastián de la Gomera, la capital. 
Al ser sábado, todas las oficinas administrativas están cerradas, incluyendo la de Información Turística, museos y lugares de interés, así que dediqué el día a pasear entre sus calles, las más antiguas, para tener de primera mano una idea de cómo se desarrolló la vida hace varios cientos de años entre colonialistas y gomeros y que, desde el paso de Cristóbal Colón (como último lugar de partida hacia el encuentro de una tierra ya habitada, y que más tarde llamarían América), comenzaron a venir hasta aquí a asentarse y hacer dinero con el sudor y las vidas de los primeros habitantes de la isla, y más tarde al regresar de la migración hacia esas lejanas tierras americanas donde también explotaron, mataron y destruyeron la cultura local como era preceptivo en aquella época. Aquí invirtieron sus, en muchos casos, “ganancias de sangre”, instalándose definitivamente y realizando prósperos negocios con la metrópolis española.
Viendo que va a hacer muy buen tiempo estos días he decidido dirigirme al Parque Nacional Garajonay, un extraordinario Parque que destaca por ser el principal exponente de la laurisilva canaria (ecosistema de la Era Terciaria que desapareció del continente europeo y norte de África como consecuencia de los cambios climáticos ocurridos en el Cuaternario), para realizar una serie de senderos que me han parecido apropiado y poco extenuantes ya que tengo vehículo, me puedo mover con soltura entre sus puntos más interesantes y pernoctar por sus alrededores.
Comencé circulando por la carretera GM1 que se dirige desde San Sebastián hacia Hermigua atravesando una serie de paisajes de riscos, pronunciados barrancos y desniveles aterrazados, muy escalonados, realizados como consecuencia de la falta de terrenos llanos para cultivar, íntimamente ligado al periodo de alta densidad demográfica que obligaba a poner en producción nuevos terrazgo. Varios Miradores convenientemente situados facilita la excepcional visión de los mismos.
Mientras la carretera desciende a través del Parque Natural de Mahona hacia Hermigua, llegando luego a la costa, se entra primeramente por el Valle Alto (o barrio de San Pedro), un precioso entorno rodeado de casas de arquitectura tradicional canaria conservadas desde el s.XVIII, y donde se encuentra la iglesia de Santo Domingo y a su lado una edificación de dos plantas que corresponde a las celdas, refectorio y claustro del convento. Actualmente son viviendas particulares, pero en su momento fueron la parte menos visible de la vida conventual. Es uno de los mejores ejemplos de edificación religiosa en la isla con interesantes piezas artísticas en su interior. Cerca, el conjunto el Museo del Gofio (que no visité, por lógico conocimiento) y el Museo Etnográfico (se encontraba cerrado) donde se puede conocer de primera mano las tradiciones, costumbres y gastronomía de los habitantes de La Gomera en su pasado reciente.
En el núcleo urbano que llaman el Valle Bajo, aproveché para desayunar en uno de los tantos bares locales. Me contaba unos agricultores allí sentados que la economía de esta zona ha estado determinada por los cultivos de regadío -como ha sucedido en casi toda Canarias-  desde la caña de azúcar en el s.XVI hasta el plátano en la actualidad, pasando por la vid, la cochinilla y el tomate. Pero también por los cultivos de autoabastecimiento, como los  cereales, las leguminosas, las papas y los frutales, lo que ha dado lugar a uno de los paisajes agrarios más bellos de la isla, con los bancales escalando las laderas del estrecho valle.
Luego, un corto paseo por sus calles dominadas por la iglesia de Nuestra Señora de La Encarnación, una edificación fechada a finales del s.XIX que conserva en su interior una de las mejores imágenes dolorosas existentes en la isla, y algunas esculturas bastante interesantes. Conserva una Virgen de la Encarnación muy clasicista, con un rostro sereno acompañada de un ligero movimiento en su cuerpo y en las manos, presidiendo el nicho central del retablo de la capilla mayor. Para su realización se empleó madera, telas encoladas y policromadas que son las encargadas de imprimir la viveza que tiene la figura. 
Otra de las piezas es una figura de la Virgen de los Dolores de finales del s.XIX que destaca por la dulzura del rostro que mira al cielo y la magnífica factura de las manos y el tratamiento del cabello. Según dicen, es una de las mejores imágenes dolorosas existentes.
Tras preguntar cómo poder llegar hasta la Ermita de San Juan, situada en uno de los mejores emplazamientos de la villa -no está indicado su acceso-, me dirigí hasta La Montañeta, en el barrio de Las Cabezadas, circulando entre dispersos caseríos a través de una sinuosa carretera para llegar hasta una zona de parquin. Subiendo unos escalones se encuentra su plaza, que hace de mirador de 360º ofreciendo una de las mejores panorámica del valle de Hermigua. Al igual que el resto de ermitas de esta localidad, se trata de una modesta edificación religiosa acompañada de una pequeña plaza con bancos y jardineras integrados en sus muros, y bajo una gran pérgola en la que se cobijan una serie de terrazas con mesas, barbacoas, fregaderos y un horno de leña. Lugar ideal para encuentros familiares y amigos los fines de semana. Ahora un poco más solitario a causa del COVID.
La importancia de la situación de esta ermita viene determinada por la belleza paisajística que revela las importantes diferencias en el uso que se ha hecho de las distintas zonas del barranco: el valle se abre entre montañas hacia el noreste; en su falda, se asientan la mayor parte de los caseríos y sus huertas concentradas en el margen izquierdo por el que discurre la carretera, construida hacia la primera mitad de del s.XX. Ahí las parcelas están aterrazadas y, en buena parte, cultivadas. La vista se detiene en la fachada de la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación y la decenas de caseríos -muchos de ellos cuentan con alojamientos rurales, un servicio que hoy día se ha convertido en un pilar muy portante de su economía-. En cambio, la ladera de la derecha ha presentado más dificultades para el riego, así que, tradicionalmente, sólo se ha podido aprovechar para plantar cereales de secano, como cebada o trigo. Hacia el suroeste se observa parte del Macizo Central de La Gomera que alberga el mejor monteverde de Canarias, el P.N. de Garajonay, un bosque formado por una veintena de especies de árboles especialistas en captar la humedad de las nieblas.
Continuando carretera abajo, enclavado en un barranco que se pierde en la mirada, aparece la playa de Santa Catalina, un espacio privilegiado donde las extensiones verdes de las plataneras juegan con el azul del mar que rompe sobre el “callao”, terminando en el Pescante de Hermigua, uno de los lugares más pintorescos y reconocidos de la isla, donde aún recuerdan el pasado exportador del municipio los cuatro prismas de hormigón de una antigua estación de carga del embarcadero, testigos de excepción del comercio de plátanos de este municipio que durante mucho tiempo fue el más próspero de toda la isla de La Gomera. Debido al frecuente fuerte oleaje, los barcos no podían atracar así que tenían que ser cargados con una larga grúa. En su base se ha acondicionado una piscina natural pero las olas y la marea alta impedía en ese momento el baño seguro.
Luego en carretera, dirección Vallehermoso, curvas, empinadas laderas aterrazadas y muy escalonadas preparadas para el cultivo, profundos barrancos, llegué hasta Agulo, otra población situada más al N., enclavada entre una depresión natural. Bautizada como “el bombón de La Gomera”, se trata de un encantador pueblo cuidado con esmero, de calles empedradas y casitas de cuento bien remozadas y restauradas. Su casco histórico -uno de los mejores conservados de Canarias- queda elevado sobre una plataforma natural que sirve de balcón al mar. Un espacio único donde poder observar de manera nítida parte de Tenerife y su majestuoso volcán que estos días se perfila entre la extensa bruma que flota debido a los fuertes vientos que está soplando. Sorprende su hermosa iglesia de San Marcos, de cúpulas blancas, en contraste con el tono rojizo de las tejas de las casas. También formado por el pintoresco barrio de Lepe que llega hasta el mar, y su playa que se fusiona con la de Santa Catalina.
Si se mira hacia arriba, a lo más alto del risco, se descubre, casi colgado en el vacío, un peculiar Mirador transparente, que no iba a dejar de visitar más tarde, sobre todo que el día se encontraba completamente despejado.
La carretera sigue por el Norte hacia Las Rosas, y a pocos kilómetros se encuentra el Centro de Visitantes del Parque Nacional de Garajonay, en un lugar conocido como Juego de Bolas, (en La Palmita) y muy cerca de la entrada al Parque Nacional.
En el Centro de Visitantes se recaba oficialmente toda la información pertinente sobre qué manera se puede visitar el Parque Nacional. El único inconveniente es que está prohibido dormir en el interior del mismo. En sus tres salas se puede encontrar toda la información necesaria como folletos y rutas de senderismo, (únicamente por código QR bajo excusa de la pandemia!), adquisición de libros, visionado de videos sobre el Parque, una gran maqueta de la isla donde se observa lo accidentado de su orografía con paneles informativos, también sobre la fauna, flora, geografía y cultura de La Gomera, etc..
En el exterior se puede disfrutar de unos jardines con una amplia representación de la flora de Canarias y muchos endemismos gomeros, así como las plantas utilizadas por la población local como medicina popular y condimento gastronómico. Cuenta con miradores para observar las cumbres del Parque Nacional cubiertas de laurisilva.
Un pequeño inmueble llamado "La Casa de la Memoria" recoge numerosos aspectos de la cultura tradicional: el interior de la casa campesina, los aperos de labranza, el almacenaje del vino, una recreación de una cueva de enterramiento prehispánico, el silbo, el baile del tambor, y en el exterior un terreno aterrazado, un timbeque o prensa para fabricar el vino, etc.. 
También dispone de una tienda con productos locales como alfarería, "ristra" (artesanía hecha con hojas de platanera), telares, cestería, etc.. Incluso una cafetería para degustar dulces típicos de la isla. El Centro permanece abierto de lunes a domingo, incluidos festivos, con horario de 9:30 a 16:00 horas. Teléfono de información: (922) 80 09 93
Una vez bien informado seguí hacia el Mirador colgante de Abrante, un lugar de observación muy característico en el que sus visitantes pueden ‘flotar’ en un voladizo de siete metros de largo y suelo de cristal a 400mts. de altura sobre el pequeño valle de Agulo, sus racimos de casas y sus terrazas agrícolas, encajonado entre riscos casi verticales y abierto al Atlántico. A lo lejos, se perfila imponentemente el Teide.
Concluyendo la tarde, la primera ruta que quise realizar, y así efectuar una primera toma de contacto con el monte, fue el Sendero nº 17 que sale de Pajaritos y circula entre varios Fayal-brezales, circunvala el Alto de Garajonay (2h.), con una altura de unos 1.470mts. sobre el nivel del mar -el punto más alto de la isla-, y con unas insuperables vistas de 360º sobre el Parque Nacional y los Roques, entre ellos el Roque Agando, un gigante pitón fonolítico de 1.246mts. de altitud, antigua chimenea volcánica que millones de años de erosión ha dejado al descubierto. Y al fondo, entre la calima y la bruma, las islas de  TenerifeGran Canaria (que apenas se percibía su contorno), El Hierro y La Palma.
El Alto, quizás por su situación estratégica y envuelto en un halo mágico desde tiempos remotos, pues antes de la invasión de los castellanos los gomeros tenían sus propias creencias, fue espacio propicio para adoraciones, ritos y sacrificios. Lo demuestran los restos de altares de sacrificio de origen prehispánico encontrados por toda la zona.
La vuelta se puede realizar dando un rodeo al Alto por el sendero que desciende hacia Igualero y regresar nuevamente al parquin. 
Las Rutas de sus Senderos están bien marcadas, definidas y perfectamente señalizadas permitiendo un mejor conocimiento y disfrute de esta auténtica joya natural.