Tras caminar por los alrededores del Alto del Garajonay (1.487mts.) y
viendo que caía la tarde y no poder quedarme por la zona por estar
estrictamente prohibido, me dirigí hacia Chipude, en la parte alta del municipio de Vallehermoso, uno de los lugares
más auténticos de la isla, por sus paisajes imposibles, arregladas
terrazas de cultivo, huertas hereditarias -donde verdean las vides de
las que se saca un vino, principalmente blanco, con mucha personalidad- y ancestrales
tradiciones que se muestran mayormente cada verano.
Una imprescindible parada antes en el mirador de la iglesia de San
Francisco, en Igualero, con unas excepcionales vistas
desde la cumbre hasta el mar, para observar una maravillosa
puesta de sol sobre el Monumento natural La Fortaleza alzado al otro lado del barranco de Erque, incluido en el Paisaje Protegido de Orone y, de fondo, las siluetas de La
Palma y El Hierro recortadas sobre el horizonte. Ya de
noche, elegí aparcar a cobijo de este monumento por razones ¿quizás
mágicas?.
La Fortaleza de Chipude es un macizo (o domo) volcánico de
400mts. de altura (su punto más alto se sitúa a 1.242mts. sobre el nivel del mar) resultado de la erosión diferencial que
dejó al descubierto los materiales más duros de un antiguo volcán,
de perfil característico: aspecto de gran altar (300mts. x 170mts. de amplitud) que los antiguos
gomeros, aborígenes
canarios de esta isla, llamaban
Argodey.
Lo tuvieron por un lugar de culto muy sagrado,
elegido por su ubicación y características orográfica, simbolizando la proximidad al mundo espiritual o divino, pues se eleva, siendo un punto de encuentro entre el cielo y la tierra, lo que le otorga la categoría de "Centro del Mundo". Su más preciado tesoro son los restos arqueológicos que contiene, concentrados en los extremos N. y S., presentando un gran vacío en el resto de la superficie. Las tipologías más abundantes y destacadas son los altares de sacrificio que evidencian un marcado carácter ceremonial en todo el conjunto. En varias excavaciones arqueológicas se han podido constatar
la existencia de unos pocos abrigos pastoriles, relacionados con el
uso de la zona como dehesa estacional, y de una serie de
construcciones que se han identificado precisamente con actividades
rituales.
Es Patrimonio Natural Protegido
principalmente por sus valores geológicos y por su vegetación
exclusiva, en especial por sus hábitats rupícolas en los que crecen
siemprevivas y cabezones
entre otros endemismos. También se localizan especies que
normalmente tienen un porte de árbol y que aquí, de manera muy
interesante, se convierten casi en “bonsáis” naturales,
como son los acebuches y los brezos.
El pequeño caserío de Chipude, situado en las faldas de
la Fortaleza, está compuesto por un conglomerado de viviendas tradicionales, terrazas de cultivo que escalan las laderas y verdes vides. Aquí prosperan las huertas que, a diferencia de otras partes de la geografía gomera, lo viejo aún es de uso contemporáneo. Destaca entre ellas la hacienda de los Ayala, uno de los pocos conjuntos hacendísticos conservados en la isla.
Si la noche fue memorable, el amanecer no lo fue menos al ir
lentamente mostrándose el sol por detrás de la alta vertiente, por
la que descendí el día anterior, hasta que su anaranjada luz permitió mostrarme todo el
panorama desde el lugar donde me había quedado a dormir. Nuevamente en el pueblo, tras desayunar
en uno de los bares y charlar con algunos vecinos, visité su iglesia parroquial de Nuestra Señora de La Candelaria, una reconstrucción del s.XVII. En su interior se encuentra la patrona de Chipude, de gran devoción en la isla, una figura de 1,30mts. que porta en el brazo derecho al "divino Infante" y en el izquierdo un candela de plata, símbolo de su advocación.
Nuevamente en el interior del
Parque la
carretera vuelve a introducirse en el gran verdegal, oscureciéndose
por momentos ya que
apenas la irradiación del sol lo puede atravesar. Hay que encender las luces
de cruce para “dejarse ver” de otros vehículos, pocos, que
también lo cruzan. La siguiente incursión la realicé en el sendero del Raso de
la Bruma – Risquillo del Corgo
(Senderos n.º 10 y
n.º 12), un camino circular que recorre un ecosistema de
fayal-brezal y laurisilva, perfecto
para captar la magia del bosque húmedo de La
Gomera debido a
la diversidad de las formaciones vegetales, por la abundancia de árboles
viejos de gran tamaño y, en general, por su tupida masa forestal.
Con poco desnivel, en su aprox. 1.200mts. de recorrido
acompaña prácticamente en toda la ruta el juego de luces y
sombras del bosque. Los árboles se retuercen en busca de la
luz pues los rayos atraviesan tímidamente las copas de un monte
compuesto por una veintena de especies diferentes . Presentes también están el naranjero salvaje gomero y el til y la
abundancia de musgos colgantes en los troncos de los árboles
así como una riqueza de helechos, entre ellos la píjara,
el penco de estrella y la bechosina. Otras especies
bajas tapizan el suelo lo cual indica la elevada humedad del lugar.
Este día no hubo nubes bajas por lo que no me envolvió el manto de
bruma tan característico de esta zona que produce esa sensación del
interior de un "bosque encantado".
El Sendero n.º 12 lleva al
mirador de Risquillos de Corgo
, donde se puede observar una
parte de la vertiente N. de la isla, con Vallehermoso allá
abajo. Desde aquí se
evidencia perfectamente la importancia de la influencia de los vientos
Alisios.
La
salud del bosque de Laurisilva, cuyas hojas recuerdan al laurel -de ahí su nombre-, y su aporte de agua resultan fundamentales para esta
subsistencia.
El Bosque de Laurisilva del
Garajonay concentra
la mitad de la extensión arbórea madura de este tipo de vegetación
en todo el archipiélago, en unas condiciones óptimas de
conservación. El Plan
Rector de Uso y Gestión (PRUG)
del Parque Nacional de Garajonay
establece de manera detallada la normativa de aplicación en el
interior del parque, así
que hay que seguirlo correctamente para no tener problemas con los
guarda-bosques.
A
medio día me dirigí hacia el
área recreativa de Laguna
Grande, un
entorno tranquilo rodeado de naturaleza y vegetación para realizar otros pequeños recorridos aprovechando que con mi
vehículo me puedo mover con facilidad entre distintas localizaciones
interesantes.
Si los bosques cercanos al Alto de Garajonay son de un
verde intenso, oscuro a veces, situado en el centro de esos bosques
húmedos existe un calvero, extenso y circular, conocido como La
Laguna Grande, pero
cuando se entra en esta zona se percibe que allí sucede o ha
sucedido algo fuera de lo habitual, ni siquiera ignorando los rumores
que circulan entre la gente del lugar, para sentir insólitas
palpitaciones. Incluso cuando se es consciente de que eso es un
sentimiento absurdo, una conmoción fuera de lugar en el s.XXI pues, desde tiempos inmemoriales, se ha venido hablando sobre las
cosas extrañas que suceden en estos parajes. Esas habladurías se
conocen como “la leyenda de La Laguna Grande” y aún hay personas adultas que “se erizan” cuando vuelven a escuchar alguna de
las historias que se narran en esta isla.
En su
zona recreativa hay
un
bar-restaurante donde
se puede echar unas
cervezas fresquitas o degustar comida
típica canaria y carnes a la parrilla. Desde Laguna Grande realicé tres senderos muy interesantes (nº 3, nº 6 y
nº 14).
El Sendero nº 6, más largo, parte
también del
aparcamiento del área recreativa, donde se
encuentran algunos
arbustos propios de zonas clareadas del monteverde tales como
magarzas
y codesos
de gran tamaño, bosques de
fayal-brezal
en el que hayas
(o faya)
y brezos
son característicos. Estos últimos alcanzan un
desarrollo espectacular, con troncos muy gruesos y alturas superiores
a 10mts.. Laureles,
viñátigos y
sanguinos
son otras de las especies de árboles que pueden verse en este
recorrido. También aparecen zonas de
recuperación.
Cayendo
la tarde, muy despejada, me dirigí hacia Arure
una aldea al O. de la isla con un pequeño pero hermoso casco antiguo con su iglesia y casa de la cultura, situado en la parte superior del barranco de Valle Gran Rey para ver la puesta de sol desde el Mirador de la Ermita
del Santo, una infraestructura de indudable belleza y sorprendente arquitectura capaz de mimetizarse de forma espectacular con el entorno. Se trata de una construcción casi suspendida sobre los riscos del barranco de Taguluche, dentro del Monumento Natural del Lomo del Carretón, que domina la amplia cuenca y con pasarelas que lleva hasta esta minúscula ermita de piedra y madera enclavada en la roca. Sin
duda alguna se disfruta de unas vistas impresionante de la profunda depresión, un extenso desfiladero, en medio del cual se
encuentra el pueblo homónimo.
Este paisaje volcánico domina todo el espacio en contraste con el
verde jaspeado de los palmerales diseminados por el barranco y el azul
del mar. Un oasis de verdor entre áridas paredes.
Cené en el restaurante El Jape, en la carretera general, cuyos propietarios me permitieron dejar mi vehículo en su aparcamiento para
pasar la noche. Por la mañana, tras desayunar allí mismo, volví a retomar las
rutas por el interior del Parque Nacional de Garajonay, que
debe su nombre a la leyenda de los amantes Gara, princesa
gomera y Jonay de Tenerife quienes ante la
desaprobación de su amor por sus familiares, decidieron clavarse una
lanza de madera y tirarse desde el pico más alto de la isla.
La siguiente visita sería al pequeño caserío de El Cedro,
donde se encuentra el Camping La Vista, otra zona recreativa apta para quedarse de acampada o “aparcado” porque se encuentra
fuera del Parque Nacional. Allí también hice noche.
En un principio mi
intención era comenzar en Reventón Oscuro (Sendero nº 8)
pero aprovechando que la pista que llega hasta el caserío de El
Cedro está bien empedrada y es ancha para que circulen vehículos, evité los 3Kms. de bajada y fui directamente con
mi furgón. Desde el camping se puede
realizar varios senderos cortos (nº 11, nº 15, nº 2)
o muy largos (nº 18).
El Sendero nº 8 lleva desde el
aparcamiento de Reventón Oscuro, en un desnivel
medio de 551mts., combinando senderos acondicionados y pista
forestal, atraviesa el área recreativa, un arroyo, continúa bajo el restaurante La
Vista situado sobre una loma y serpentea en bajada junto al espectacular Chorro del
Cedro, pero como no ha llovido nada ese pequeño reguero no ha sido suficiente para sorprenderme por su afamada característica como "el salto natural de agua más alto de la
isla" (150mts.) que todo el año alimenta las presas del valle
agrícola de Hermigua. Luego el sendero continúa hasta Hermigua
(nº 11).
El
tramo del Sendero nº
2 lleva desde
el caserío hasta la Ermita
de Lourdes entre laurisilva por el fondo del barranco. Además
de sus valores botánicos y etnográficos, tiene la particularidad de resguardar una ermita con una singular historia, construida en 1935
por una institutriz inglesa que trabajó para una rica familia. Su
celebración, el último domingo de agosto, es la más importante de
la isla. En 1984 la
romería se convirtió en procesión
y almuerzo popular. Llama la atención un enorme árbol, entre la ermita y el puente
donde pasa lo que ahora es un riachuelo, al que le han
puesto unos trozos de madera que hacen de fuente constante de agua.
Busqué por dónde podría estar la conexión, pero no la encontré.
El Sendero nº 11 y el Sendero nº 15
lleva en diferentes recorridos desde la meseta de Hermigua a
El Cedro.
Pues esta ha sido mi corta incursión por los bosques del centro
de la isla y el haber recorrido parte de esta selva verde ha sido una
magnífica forma de entender la historia insular y el esfuerzo de la
población por adaptarse a un medio muy abrupto que ha tardado nada
menos que 20 millones de años en formarse. Para proteger este
ecosistema, en 1981 fue creado el Parque Nacional de
Garajonay que, posteriormente, en 1986 fue declarado
Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO, máximo
reconocimiento que puede alcanzar un espacio natural protegido.
Cuenta con una amplia red de equipamientos y servicios, miradores y
áreas recreativas.
Casi todos los senderos atraviesan tupidas selvas conformada por
diferentes especies vegetales, envuelta frecuentemente por un mar de
nubes que confiere al bosque un aspecto mágico. Estas nieblas, cuya
carga de humedad es interceptada por el propio bosque como si se
tratara de una lluvia horizontal son esenciales para su
propia supervivencia en un territorio insular dominado por la aridez.
Este bosque, siempre verde, recibe el nombre de laurisilva,
que significa selva de laureles, ya que la mayor parte de
especies arbóreas que la componen presentan hojas similares a las
del laurel, y cuya existencia está ligada una elevada humedad
y temperaturas suaves con escasas oscilaciones durante el año. Este
bosque de laurisilva canaria, ocupa una extensión de unas
4.000Ha.. lo que supone cerca de un 11% de la
superficie total de la isla. Es sin duda alguna un conjunto de los
bosques subtropicales que ocupaban buena parte de Europa y
norte de África hace varios millones de años, por lo que
“Garajonay” puede considerarse como un auténtico fósil
viviente. Destaca también la abundancia de musgos y líquenes
recubriendo los troncos de los árboles, así como la cobertura de
helechos, indicadores de la elevada humedad ambiental, incluso
algunos riachuelos que conforman la red de corrientes permanentes de
agua mejor conservada de Canarias. Sus Valores
Culturales destacados
son: bosques maduros de laurisilva, diversidad de tipos de
formaciones vegetales, buen estado de conservación con abundantes arboles viejos de gran tamaño, elevadísimo número
de especies endémicas de flora y de fauna o espectaculares
monumentos geológicos, como los Roques.
Se aprecian otras formaciones vegetales donde viven unas 2000 especies
de flora, destacando el elevado número de ejemplares endémicos de la Isla y de Canarias.
Entre los diferentes tipos de bosques que son fácil de apreciar están el fayal-brezal seco, en aquellas zonas donde
la humedad es menor formado por el mocán, el palo blanco, el barbusano, el brezo y la faya, entre otras especies arbóreas. En los valles
más húmedos orientados hacia el N. se encuentra la laurisilva
de valle, donde la vegetación está formada principalmente por
enormes viñátigos y tiles, que pueden alcanzar los
35mts. de altura. En las laderas húmedas se encuentra la laurisilva de ladera, formada básicamente por loro,
faya, y aceviño. En las cumbres, donde las incidencias
de las nieblas es mayor aparecen los enigmáticos brezales de cumbre
y en la vertiente S. domina el fayal-brezal.
El interior del Parque
alberga una rica y diversa fauna formada por invertebrados,
vertebrados,
anfibios,
reptiles
y aves,
muchos de ellos endémicos. Se
han descrito
38 especies
de las cuales
28 son
nidificantes.
De entre las más representativas de este bosque húmedo están la
paloma rabiche,
la paloma turqué,
el gavilán,
el reyezuelo
sencillo,
el pinzón vulgar
y la gallinuela.
Las islas, por su carácter oceánico, han estado
aisladas durante millones de años propiciando así la ausencia de
grandes vertebrados y depredadores salvo aquellos introducidos por el
hombre como el conejo, el muflón o el gato. El gato cimarrón
es un mamífero asilvestrado de hábitos nocturnos que se ha
convertido en el mayor depredador en las islas, genera un gran
impacto en las poblaciones de aves y reptiles endémicos.