9/11/20

Centrándome en la Isla

Desde la Orchilla la carretera avanza elevándose hacia el centro de la isla, bordeando la gran depresión comenzando a apreciarse la transformación de la cubierta vegetal en sus diferentes altitudes. El paisaje volcánico y las escasas plantas de las zonas bajas, principalmente verodes y tabaibas van cediendo el paso a una vegetación cada vez más densa. A un lado el risco, dramático, imponente, rotundo, y al otro comienzan a verse los pinos.
Me detuve en el Centro de Interpretación del Parque Cultural de El Julan para intentar realizar una ruta por su zona arqueológica, pero se hallaba un responsable que no me pudo atender porque se encontraba él solo. Es 
obligatorio realizar la visita con un guía del centro y para conseguir plaza el día de la actividad es imprescindible reservar al menos con un día de antelación por teléfono. Solo pude realizar la visita pertinente a las instalaciones, que son preciosas y vale la pena dedicarle un rato ya que exponen a través de paneles, dibujos, fotografías y maquetas la forma de vida de los aborígenes herreños (bimbaches o bimbapes), obteniendo una primera aproximación de lo que se podrá ver durante la ruta guiada. Las maravillosas vistas desde sus terrazas hacia los pinares por un lado y la enorme llanura de lenguas lavas que cae que hacia el litoral costero por otro son inigualables. Quedamos finalmente en que me llamarían en los siguientes días para realizar el recorrido.
Una vez concluida la visita me dirigí al interior de la isla para conocer el encanto de sus pinares. Los helechosbrezoszarzashigueras y una enorme diversidad vegetal se despliegan a media altura, y a mayor altitud, y más cerca de las nubes, aumenta la humedad
Entre bosques de pinos y una zona de acampada se encuentra la Hoya del Morcillo enclavado en el corazón de El Pinar, un parque que dispone de todo lo necesario para pasar unos días maravillosos en pleno contacto con la naturaleza: zonas para hacer fuego con leña y preparar una buena comida, mesas rústicas, servicios, agua potable, un parque infantil y un campo de fútbol. Hay que pedir permiso previamente para acampar.
Finalmente se alcanza la HI-1, la carretera principal que viene de Valverde y baja hacia El Golfo. A pocos kilómetros de este cruce se encuentra La Llanía, una zona de senderos de aproximadamente siete kilómetros rebosantes de belleza natural donde es posible encontrar sucesivos escenarios imponentes a medida que se va adentrando en ellos. La juventud geológica de El Hierro hace que la red de barrancos esté aún poco desarrollada.
La Ruta de La Llanía es uno de los senderos más populares que se puede encontrar en El Hierro. En diferentes recorridos de hasta cuatro horas se puede descubrir sorprendentes paisajes escondidos en medio de la Isla. No tienen pérdida. Comienza y termina en la zona de parquin. Desde aquí, un sendero bien señalizado va indicando todo el trayecto a seguir.
El primer bosque que se encuentra es El Brezal (al atardecer es recomendable ir con alguna sudadera o polar ya que éste es un bosque muy húmedo y se siente algo de frío) y paradójicamente con mayor presencia de fayas. La abundante pluviosidad -éste es el punto más lluvioso de la Isla-, hace que éstas adquieran gran envergadura. Seguidamente aparece un claro en el bosque llamado La Chapa Pablo y luego se atraviesa un bosque tupido de laurisilva, con una bóveda vegetal cerrada. El ambiente es húmedo, con presencia abundante de líquenes y musgos. Destaca especialmente la presencia de dos imponentes pinos canarios que advierten que la presencia del fayal-brezal no deja de ser una anomalía en esta vertiente de orientación sur, debido al reboso de las nubes cargadas de humedad que se aproximan desde el escarpe de El Golfo. El sendero tuerce hacia el sur siguiendo el cauce de un incipiente barranquillo. Destaca especialmente la presencia de helechos de diferentes tamaños en el margen del camino. La especie más abundante es el helecho común o helecho de águila, una de la más abundante de la isla. Tolera la luz y algo de calor, por lo que es fácil encontrarlos en esta zona del bosque con menor humedad. Sus frondas –nombre que reciben las hojas- pueden llegar a medir dos metros. En esta parte del recorrido, se mire hacia donde se mire todo lo que se contempla son densos árboles verdes, parcelas repletas de helechos y caprichosos líquenes. Posteriormente, se sale hacia un claro en el que se comienza a ver la característica arena negra de la caldera de la Hoya de Fireba. En este punto, la ruta se bifurca. Si se continúa hacia adelante, aparece una impresionante vista de El Golfo
El sendero sigue hasta un descenso que empieza junto a la carretera, distanciándose de ella según se va bajando. En este punto, se realiza un giro a la derecha y se adentra en un bosque de laurisilva y luego una desviación hacia la derecha encamina hacia la fuente de El Lomo. Esta fuente pérdida en el monte es parte de la historia de la isla en una de sus épocas más duras, la posguerra española. Fue construida en los años 40 por el Mando Económico de Canarias, para ofrecer un abrevadero para el ganado. También se construyó un aljibe para el consumo humano, separando el uso ganadero del consumo de las personas. No está tan lejano en el tiempo y no, desde luego, en la memoria de las personas mayores los tiempos en que el agua llegaba en camiones a los aljibes de las casas o se iba a buscar a las fuentes con garrafas, a veces haciendo largas colas por la poca agua que manaba.
Una vez aquí, aparece un puente de madera que hay que cruzar y tras caminar varios cientos de metros se llega al mirador del Pico de Fireba, que en los días húmedos muestra un peculiar contraste cromático. Se encuentra en el extremo sur del borde de la Caldera, justo sobre la zona en que se depositaron las cenizas volcánicas expulsadas por el volcán, el lapilli, conocido en las islas como picón. Desde el mirador, los días claros se obtiene una excelente vista de otras islas como La Gomera y Tenerife. Precisamente por este borde sur de la caldera, donde se asienta el mirador, transita el camino de la Virgen en su largo recorrido entre la Dehesa a Valverde. La Hoya de Fireba se encuentra entre las rayas de La Llanía y La Mareta, los puntos donde la Virgen en su tránsito es pasada de un pueblo a otro. En La Llanía, los de El Golfo cede la virgen a los de El Pinar, para luego recibirla en La Mareta los del pueblo de Isora
Dejado el mirador atrás, el sendero baja hacia la zona recreativa conocida como El Bailadero de las Brujas. Según cuenta la leyenda, éste era el lugar elegido por las brujas en la Edad Media para realizar sus aquelarres. Dicen que encendían una hoguera y bailaban alrededor de ella haciendo que sus cantos y sus risas se escuchasen en toda la isla. La creencia popular afirmaba que donde lo hacían “no sale monte, no crecen árboles, porque en ellos bailaron las brujas”.
Luego el sendero se adentra en un bosque de laurisilva, alcanzando finalmente uno de los puntos más bonitos de la ruta: el Mirador de La Llanía, que cuenta con unas maravillosas vistas hacia El Golfo, pudiendo ver en el horizonte la silueta de La Palma.
Seguidamente se continúa, rodeado de vegetación, hasta la carretera a la altura del aparcamiento, donde termina la Ruta de La Llanía.
Un pavoroso incendio quemó en septiembre del año 2006 1.400 hectáreas del monte herreño. Este tramo del sendero cruza un terreno que fue afectado de lleno por ese fuego, que fue controlado en esta zona tras subir desde El Pinar. Es interesante comprobar como va evolucionando la vegetación, tanto por la recuperación de algunos pinos canarios jóvenes como por la reforestación de fayal-brezal que poco a poco va tomando cuerpo.
Como no se puede pernoctar en sus pinares, y había planeado quedarme en el bailadero de las Brujas, luego pensé, y acerté que mejor sería en un lugar más sugerente donde presenciaría una de las mejores amanecidas hasta el momento: el mirador de Tanajara en Taibique (El Pinar), una atalaya de 900mts. de altitud donde han instalado un torreón de madera para tener una excelente visión de gran parte del Municipio con una excelente panorámica de 360º: al N. la corona forestal de pino canario, al E. el núcleo de Las Casas y junto a él el acantilado (letime) que forma Las Playas, hacia el S., en la lejanía, La Restinga y un paisaje salpicado de conos volcánicos.
El panorama general permite contemplar un paisaje agrícola de secano delimitado por incontables kilómetros de paredes de piedra seca fruto de la necesidad del campesino en su adaptación al medio.
La cena, y unas cervezas, la tomé en El Mentidero, uno de los bar-restaurantes más emblemático de esta isla y punto de encuentro en El Pinar, con un ambiente auténtico donde se come (amplia variedad de tapas, empanadas, bocadillos), se bebe (buen vino y buen café) y se juega a las cartas y al dominó. 
La noche, excelente, y la temperatura fresca que invitaba a contemplar el cielo completamente estrellado.