Desde la Orchilla la carretera avanza elevándose hacia
el centro de la isla, bordeando la gran depresión comenzando a
apreciarse la transformación
de la cubierta vegetal en
sus
diferentes altitudes. El paisaje volcánico y
las escasas
plantas de las zonas bajas, principalmente verodes
y
tabaibas
van cediendo el paso a una
vegetación
cada vez más densa. A
un lado el risco, dramático, imponente, rotundo, y al otro comienzan a verse los pinos.
Me detuve en el Centro de Interpretación del Parque Cultural de El Julan para intentar realizar una ruta por su zona arqueológica, pero se hallaba un responsable que no me pudo atender porque se encontraba él solo. Es obligatorio realizar la visita con un guía del centro y para conseguir plaza el día de la actividad es imprescindible reservar al menos con un día de antelación por teléfono. Solo pude realizar la visita pertinente a las instalaciones, que son preciosas y vale la pena dedicarle un rato ya que exponen a través de paneles, dibujos, fotografías y maquetas la forma de vida de los aborígenes herreños (bimbaches o bimbapes), obteniendo una primera aproximación de lo que se podrá ver durante la ruta guiada. Las maravillosas vistas desde sus terrazas hacia los pinares por un lado y la enorme llanura de lenguas lavas que cae que hacia el litoral costero por otro son inigualables. Quedamos finalmente en que me llamarían en los siguientes días para realizar el recorrido.
Me detuve en el Centro de Interpretación del Parque Cultural de El Julan para intentar realizar una ruta por su zona arqueológica, pero se hallaba un responsable que no me pudo atender porque se encontraba él solo. Es obligatorio realizar la visita con un guía del centro y para conseguir plaza el día de la actividad es imprescindible reservar al menos con un día de antelación por teléfono. Solo pude realizar la visita pertinente a las instalaciones, que son preciosas y vale la pena dedicarle un rato ya que exponen a través de paneles, dibujos, fotografías y maquetas la forma de vida de los aborígenes herreños (bimbaches o bimbapes), obteniendo una primera aproximación de lo que se podrá ver durante la ruta guiada. Las maravillosas vistas desde sus terrazas hacia los pinares por un lado y la enorme llanura de lenguas lavas que cae que hacia el litoral costero por otro son inigualables. Quedamos finalmente en que me llamarían en los siguientes días para realizar el recorrido.
Una vez concluida la
visita me dirigí al interior de
la isla para
conocer el encanto
de sus
pinares. Los helechos, brezos, zarzas, higueras y una enorme diversidad vegetal se despliegan a media altura, y a mayor altitud, y más cerca de las nubes, aumenta la humedad.
Entre
bosques de
pinos y una
zona de acampada se
encuentra
la Hoya del Morcillo enclavado
en el corazón de El Pinar,
un
parque que
dispone de
todo lo necesario para pasar unos
días
maravillosos
en pleno contacto con la naturaleza: zonas para hacer fuego con leña
y preparar una buena comida, mesas rústicas, servicios, agua
potable, un parque infantil y un campo de fútbol. Hay
que pedir permiso previamente para acampar.
Finalmente se alcanza la
HI-1,
la carretera principal que viene de Valverde
y baja hacia El Golfo.
A pocos kilómetros de este cruce se encuentra La
Llanía, una
zona de senderos de aproximadamente siete
kilómetros
rebosantes de belleza natural donde es
posible encontrar sucesivos
escenarios imponentes
a medida que se
va
adentrando
en ellos. La juventud geológica de El Hierro hace que la red de barrancos esté aún poco desarrollada.
La Ruta de La Llanía es uno de los senderos más
populares que se puede encontrar en El Hierro.
En diferentes recorridos de hasta cuatro horas se puede
descubrir sorprendentes paisajes escondidos en medio de la Isla. No
tienen pérdida. Comienza y termina en la zona de parquin.
Desde aquí, un sendero bien señalizado va indicando todo el
trayecto a seguir.
Una vez aquí, aparece un puente de madera que hay que cruzar y tras caminar varios cientos de metros se llega al mirador del Pico de Fireba, que en los días húmedos
muestra un peculiar contraste cromático. Se encuentra en el extremo sur del borde de la Caldera, justo sobre la zona en que se depositaron las cenizas volcánicas expulsadas por el volcán, el lapilli, conocido en las islas como picón. Desde el mirador, los días claros se obtiene una excelente vista de otras islas como La
Gomera y Tenerife. Precisamente por este borde sur de la
caldera, donde se asienta el mirador, transita el camino de la Virgen en su largo recorrido entre la Dehesa a Valverde.
La Hoya de Fireba se encuentra entre las rayas de La Llanía
y La Mareta, los puntos donde la Virgen en su tránsito
es pasada de un pueblo a otro. En La Llanía, los de El
Golfo cede la virgen a los de El Pinar, para luego recibirla en
La Mareta los del pueblo de Isora.
Dejado el mirador atrás, el sendero baja hacia la zona recreativa
conocida como El Bailadero de las Brujas. Según
cuenta la leyenda, éste era el lugar elegido por las brujas en la
Edad Media para realizar sus aquelarres. Dicen que
encendían una hoguera y bailaban alrededor de ella haciendo que sus
cantos y sus risas se escuchasen en toda la isla. La creencia popular
afirmaba que donde lo hacían “no sale monte, no crecen árboles,
porque en ellos bailaron las brujas”.
Luego el sendero se adentra en un bosque de laurisilva,
alcanzando finalmente uno de los puntos más bonitos de la
ruta: el
Mirador de La
Llanía, que
cuenta con unas maravillosas vistas hacia El Golfo,
pudiendo
ver en el horizonte la silueta de La Palma.
Seguidamente se continúa, rodeado de vegetación,
hasta la carretera a la altura del aparcamiento,
donde termina la Ruta de La Llanía.
Un pavoroso incendio quemó en septiembre del año 2006
1.400 hectáreas del monte herreño. Este tramo del sendero cruza un terreno que fue afectado de lleno por ese
fuego, que fue controlado en esta zona tras subir desde El Pinar.
Es interesante comprobar como va evolucionando la vegetación, tanto
por la recuperación de algunos pinos canarios jóvenes como por la
reforestación de fayal-brezal que poco a poco va tomando cuerpo.
El panorama general permite contemplar un paisaje
agrícola de secano delimitado por incontables kilómetros de paredes de piedra
seca fruto de la necesidad del campesino en su adaptación al medio.
La cena, y unas cervezas, la tomé en El Mentidero, uno de los
bar-restaurantes más emblemático de esta isla y punto de encuentro en El Pinar, con un ambiente auténtico donde se come (amplia variedad de tapas, empanadas, bocadillos), se bebe (buen vino y buen café) y se juega a las cartas y al dominó.
La noche, excelente, y la temperatura fresca que invitaba a
contemplar el cielo completamente estrellado.