4/11/20

Circulando por el Noreste de la Isla

El primer trayecto en el cómodo ferri de la Cía. Naviera Armas desde Las Palmas de GC hasta Santa Cruz (19,50€/furgón/1h.50min.) fue agradable, con una mar algo fuerte y navegación perfecta, saliendo con 40min. de retraso de la hora prevista. 
Tras desembarcar en el puerto chicharrero, ya con una hora de retraso, me dirigí directamente hacia el sur, a Los Cristianos, donde se encuentra el puerto de embarque del siguiente ferri de Armas, el único que, de momento, navega al Hierro. Pero el tener que detenerme en el Polígono Comercial de Las Chafiras para comprar una batería concreta para mi vehículo, que tenía reservada, y el surgimiento de un problema inesperado con las copias de la llave de la cerradura de las puertas de mi vehículo hizo que llegara tarde y perdiera la siguiente conexión para ese día. 
La noche la hice en el parquin de Playa de la Américas, aprovechando que había unas muy buenas olas, y la posibilidad de alquilar al día siguiente una tabla para surfear mientras esperaba para volver a coger el ferri al Puerto de la Estaca del Hierro (22,88/furgón/2h.40min.).
El ambiente surfero internacional es sugerente, muchos con vehículos viviendas aparcados allí, frente al mar, desde hace días, y otros hospedados en hotel o en apartamento. Buenas olas de tamaño y con viento flojo, perfecto para poder pasar casi todo el día en el agua. Por la noche poco ruido y apenas movimiento de gente, aún estando abiertas varias terrazas cerca del lugar, y entre ellas el popular Café Metrópolis con sus conciertos de fin de semana. 
Una vez embarcado nuevamente la navegación fue algo movida debido a grandes olas mar adentro, pero sin marear. Al llegar me dirigí a través de una carretera estrecha ascendente, muy bien asfaltada y llena de curvas, dirección Valverde, al primer lugar que había decidido quedarme, La Caleta, un coqueto pueblo litoral del municipio de Valverde que se encuentra al Noreste de la isla, muy cerca del Aeropuerto insular de los Cangrejos.
La noche era excelente y el lugar elegido, una zona de tierra para tres coches situado sobre las piscinas artificiales de agua salada y fácil acceso al mar, convertido en un cobijo muy confortable para quedar. Solo era cuestión que amaneciera y me sorprendiera su entorno.
La salida del sol fue espectacular, con su gama de colores, el perfil de las rocas volcánicas que cayendo hasta el mar y la silueta de las piscinas. El entorno perfecto lugar para un apacible fin de semana.
Una vez hecha la luz descubro que éstas están vacías. Un señor comenzaba desde temprana hora a limpiarlas porque las olas de los últimos días las habían llenado de piedras y tierra. Mas tarde me diría que llevan sin llenar desde marzo, momento de la declaración de pandemia.
El primer baño, a las 8 de la mañana, en estas templadas aguas atlánticas fue memorable. Mas tarde pasaría varias horas entre aletas y gafas, y momentos de sol!.
La Caleta, es un pequeño pueblo con una “playa acondicionada” de unos 50mts. entre callaos y roca, con escaleras para acceder al mar. Sobre las rocas volcánicas se han acondicionado varias piscinas que llenan con el agua del mar, una amplia zona de solárium y duchas. Es un lugar privilegiado para la práctica del buceo y la pesca con caña, sobre todo estos días con poco movimiento de usuarios.
En el pasado sirvió como embarcadero alternativo al Puerto de la Estaca y posteriormente, tras abandonar su tradición pesquera, se convirtió en un núcleo de segunda residencia. Junto a ellas se localizan interesantes yacimientos arqueológicos con varios grabados rupestres, básicamente paneles escritos en caracteres líbico-bereber, la lengua de los antiguos pobladores de las Islas Canarias.
Las dos noches que he pasado en este lugar han sido realmente fascinante bajo un cielo repleto de estrellas que conforman una estampa de ensueño y con una temperatura muy agradable. 
La siguiente visita sería a Tamaduste un pequeño pueblo situado a escasos 4Kms. pasado el aeropuerto donde la blancura de las casas contrasta vivamente con el negro de su arena de origen volcánico. 
Una singular piscina natural rodeada de una esplendorosa naturaleza apenas trabajada por las máquinas, en un estado natural inmejorable y considerada como uno de los lugares privilegiados del litoral herreño. Es en realidad una ensenada formada por una entrada de mar casi circular, también conocida como “el Río Tamaduste", de aguas transparentes y tranquilas, que bien pudiera confundirse con un lago. Perfectamente acondicionada para el baño, al fondo se encuentra la cueva de las barcas, un refugio en seco para las pequeñas embarcaciones pesqueras. Una serie de escalera estratégicamente colocadas ayudan a un fácil acceso al mar. Esta playa familiar es . Siguiendo la carretera del Este-Sureste se vuelve a pasar por el Aeropuerto, se desciende entre profundos barrancos hacia el Puerto de La Estaca y su playa del Varadero, se entra en un túnel y al salir aparece la playa y el pequeño núcleo de Timijiraque
La carretera continúa bordeando la costa, pasa por varias entradas hacia la ladera donde se encuentran antiguos Pajeros (habitáculos de piedra volcánica y tejado de colmo acondicionado en su momento para guardar pastos, rebaños o incluso morada de algunos pastores) y otros remodelados, convertidos en Vivienda Vacacional. 
Más adelante se entra por otro túnel, regulado por un semáforo, que da acceso a la punta de la Bonanza donde se encuentra el emblemático Roque de La Bonanza, una de las imágenes más simbólicas y caprichosa de la isla y continúa por la bahía de las Playas bajo una enorme depresión con forma semicircular consecuencia de un deslizamiento gigante y, tras varias playas de callaos, se llega hasta el Parador Nacional, incrustado en esa maravillosa línea costera y fin de la carretera asfaltada. Como el tiempo no era nada agradable debido al viento y la lluvia que comenzaba a caer, me limité a esperar mientras me tomaba en este emblemático hotel unas cervezas observando desde su terraza la maravillosa vista de los riscos escuchando el sonido de las olas romper sobre las rocas y el muro que lo protege.
De vuelta me detuve en la playa de Timijiraque, una agradable cala de arena negra ubicada en un espacio natural protegido que brinda un paisaje marcado por la vegetación bajo profundos barrancos. Dispone de un área de picnic (cerrado por COVID) desde el cual se puede disfrutar del amplio paisaje que lo envuelve. Suele ser una de las playas más concurridas. A esas horas rompían unas olas que, aunque no de buena calidad por el viento, algunos surferos “intentaban” cogerlas hasta la caída del sol. 
Cerca se encuentran interesantes vestigios de las antiguas salinas y del cocedero donde se iniciaba el proceso de concentración de la sal, reducidos hoy a restos de muros. En cuanto a la belleza del amanecer es un lugar único ante la vista de quienes lo presencian. La encontré adecuada para pasar la noche, aparcado justo en frente del  restaurante Bahía, ideal para tomar unas cervezas y cenar un "pescaito con papas" y ensalada hasta bien entrada la noche.