El día siguiente amaneció nublado por lo que continué el recorrido hacia el Norte de la isla para visitar una serie de piscinas naturales. La carretera ascendente que viene del Puerto de la Estaca (HI-2), dirección Valverde - la capital de la Isla-, pasa por encima del pequeño aeropuerto insular, el monumento a los bailarines herreños y según se va
ganando altura (sobre 800-100mts.) el paisaje comienza a ser más
verdoso, lleno de vegetación y robustos árboles, destacando entre ellos el Pino canario. La altura máxima de la isla está en el Pico Malpaso
(1.500mts.), en el centro de la Isla, entre Frontera y El Pinar.
Un poco antes de entrar a la capital otra carretera (HI-5) continúa hacia la pequeña población de Echedo. Desde allí una zigzagueante pista asfaltada (HI-151) desciende hacia el mar cruzando entre piroclastos rojos (picón) por un
espectacular cono volcánico mientras se observa allá abajo la dramática costa basáltica enormemente bella, con una serie de
arcos naturales sobre los que bate el mar formando chorros de agua
que a veces semejan géiseres espumosos. Es el Charco Manso (cerrado por COVID), una concavidad volcánica acondicionada para el baño con escaleras y barandales, solárium y una tasca.
La fuerza del mar y la lluvia impedía disfrutar del entorno pero cuando el mar
está en calma es muy cristalina. Aún así, sigue siendo uno de los
lugares con mayor embrujo de la isla.
Subiendo nuevamente a Echedo un desvío por una
estrecha carretera (GI-150) lleva hacia el rincón más auténtico del Norte de la isla, el Pozo de las Calcosas, una pequeña urbe conocida por sus piscinas
naturales. Los vehículos se dejan en la parte alta de una zona amplia de aparcamiento con varios miradores que ocupan el mejor emplazamiento y extraordinarias vistas hacia una pequeña bahía cerrada por un escarpado acantilado
donde se encuentra un tipo de construcción ancestral de viviendas
con muros de piedra volcánica y tejado de colmo, un material vegetal
que ya ha caído en desuso.

Se baja hasta el diminuto caserío por una empinada
escalinata, un corto paseo con una espectacular vista al océano y a la
sinuosa costa. Callejear entre este grupo de casas de muros de
piedra volcánica y disfrutar de una piscina natural, otro charco más
pequeño y un entrante de grandes dimensiones semi-protegido del
pujante Atlántico puede ser memorable si las condiciones del mar y la climatología lo
permite. Estas casas las construyeron pescadores para guardar sus aperos y pasar el
verano. La piedra redondeada por la erosión marina sirve de pequeña
baldosa en muchas vías. Según el oleaje está permitido bañarse en
mar abierto, pero estos días, a parte de no haber nadie habitando
debido al temporal, era imposible acercarse a la orilla. Junto a las
escaleras se encuentra un Neptuno reinventado, hecho a base de
materiales reciclados, una obra del artista Rubén Armiche. Sin duda
alguna, un paraje digno de un dios!.
De vuelta a la carretera HI-5 atravesé el Mocanal, un pueblo que aún mantiene edificaciones de arquitectura tradicional, calles estrechas y un ambiente muy campesino con huertos de cultivos y pastos que le confiere un encanto especial, y me dirigí a
Guarazoca para alcanzar uno de los miradores más emblemáticos de la
isla: el Mirador de la Peña, a 700mts. sobre el nivel del mar,
diseño en piedra volcánica y madera local del gran César Manrique, artista que dedicó su vida a crear espacios orgánicos, e inspirada de la propia naturaleza. Las instalaciones, un verdadero parque de recreo con numerosas plantas, conjuntos de palmeras, el resto de un árbol centenario, crean un ambiente acogedor y fresco. El interior del recinto, decorado con plantas, amplios ventanales y techos de piedra, está dedicado exclusivamente para el restaurante Mirador de La Peña, con una selecta carta gastronómica canaria.

Desde los miradores se puede apreciar la
Fuga de la Gorreta, un risco elevado a mil metros sobre el mar por el
que antiguamente los pastores transitaban moviéndose libremente por
los desniveles, un gigantesco risco formado por deslizamientos de
tierra que hace milenios creó el Valle de El Golfo, de aprox. 15kms.
de largo. A sus pies se encuentra el lagartario, las ancestrales viviendas llamadas Guinea, el pequeño hotel Puntagrande, una llanura volcánica muy trabajada con plantaciones de piñas,
numerosos viñedos y frutales que llegan hasta la espectacular costa
bañada por el Atlántico, donde aparecen, como flotando, los Roques de Salmor sobre la Punta de Arelmo. Sublime paisaje!
Una carretera secundaria llega hasta
la Ermita de la Virgen de la Peña, un modesto templo al borde de un impresionante acantilado a 700mts. sobre
el nivel del mar donde se la venera. Data de finales del s.VIII, de estilo Barroco, y de procedencia desconocida. Policromada, de bulto redondo y pequeño tamaño (aprox. 23cms.), tiene apariencia joven, el cabello largo con la raya al medio, y lleva parte de la cabeza cubierta por un manto en tonos azules. Porta en sus brazos a un Niño Jesús desnudo sosteniendo en sus manos una pequeña bola del mundo de color azul. Dicen que obedecía a la
costumbre de tener bajo los auspicios de esta imagen los difíciles
caminos de acceso a El Golfo, guardando el camino más peligroso, el de
La Peña o Tibataje, hoy cerrado por su extrema peligrosidad debido a
los continuos desprendimientos. Fui testigo de ello en dos
ocasiones!. El Golfo fue producto de un deslizamiento de tierra gravitacional que probablemente coincidió con el de Las Playas, en la costa Este.
Cuando las nubes comenzaban a aislarme de tan agraciada panorámica me dirigí al Mirador de Jinama, en la meseta de Nisdafe, otro de los
mejores lugares para observar desde las alturas toda la bahía de El
Golfo, a una altura de 1.230mts. sobre el nivel del mar, pero esas mismas nubes me
impidieron observar absolutamente nada.
Cerca se encuentra una bien cuidada pequeña capilla perteneciente a la Virgen de la Caridad, a la entrada de un camino de herradura, antaño principal vía de comunicación por el que se realizaban las mudadas (cambios de residencias estacionales que los herreños realizaban principalmente para el mejor aprovechamiento del pasto para el ganado, faenas agrícolas buscando mejores condiciones climáticas, o se subía el vino que se producía en El Golfo), y a la cual al pasar por delante le pedían protección al desplazarse por ese inmenso acantilado que lleva hasta La Frontera.
Luego continué hacia el árbol Garoé, el símbolo de la identidad herreña (adorado por los Bimbaches, los antiguos pobladores de la Isla). Un poco antes de la villa de San Andrés un cruce bifurca la carretera por la HI-10 y luego una pista de tierra lleva a través de pequeños conos volcánicos, verdes praderas, arboledas, tierras plantadas en forma de terrazas hasta el parquin del Centro de Interpretación, un espacio etnohistórico con paneles informativos y material fotográfico que ofrece información bastante completa del lugar.
En el momento de mi visita, envuelto de una espesa bruma, me pareció un lugar lleno de magnetismo. Este sitio, fuente
de leyendas, cuenta hoy con un pequeño centro de interpretación que
aporta toda la información relacionada con el árbol sagrado, desde
su importancia histórica y arqueológica hasta el fenómeno de la
lluvia horizontal, responsable de que el árbol Garoé rezume agua.
En su momento las hojas de este Til eran capaces de recoger agua
suficiente para abastecer a la antigua población herreña, lo que
hizo que se convirtiera en árbol sagrado y "milagroso". Pero en el s.XVII un
huracán lo derribó y no fue hasta 1949
cuando se sustituyó por el
actual. Es tal el amor que los herreños le profesan que
hace unos años lo homenajearon con la creación de la Ruta del Agua,
un sendero de 16kms. que revela la historia del agua en la isla.
Concluida la visita me detuve a
pasar la noche en la villa de San Andrés, un importante núcleo de
labranza y cultivo de la isla, básicamente para cenar en Casa Goyo,
un reputado restaurante local donde se cocinan los mejores platos
caseros: pechuga rellena, bacalao encebollado,
garbanzos con cochino, asado negro de res, lasaña de carne, carne
fiesta, garbanza, queso herreño a la plancha, ensaladas frescas y
vinos herreños.
Esperando que
en la otra cara de la isla pudiera haber mejores condiciones
climática me dirigí entonces hacia el Mirador de las Playas, un balcón con forma de anfiteatro rodeado de pinos (cerrado también por obras) instalado sobre un extenso e imponente acantilado con perfecta forma de arco producto también de un deslizamiento de tierra gravitacional. Su impresionante perspectiva sobre la bahía de las Playas y al majestuoso Roque de La Bonanza, allá
abajo, en una bahía dentellada de playas solitarias, la pude disfrutar durante un corto tiempo porque las nubes igualmente impedían la perfecta visualización. En ocasiones, con buen tiempo, incluso se
puede ver Tenerife y La Gomera.
El tiempo continuaba inestable y
la decisión siguiente fue dirigirme a Valverde, la capital, para
visitar su oficina de información turística y obtener de primera
mano consejos sobre los lugares más interesantes y comprar un
pasaporte de visitas (14,95€) con derecho a entrar en
todos los centros turísticos (de interpretación). Brinda numerosas ventajas a todos los visitantes que deseen
adquirirlo ya que no tiene fecha de caducidad, puede ser utilizado en
cualquier momento, en diferentes visitas a la isla y es más
económico para los canarios.
Toda la noche estuvo lloviendo y
amaneció frío y nublado. El primer lugar que quise visitar antes de
bajar a la costa Norte-Noroeste fue nuevamente el Mirador de Jinama (en obras) pero esas mismas nubes
mañaneras continuaban impidiéndome observar absolutamente nada.
Como al llegar había algo de niebla,
tuve que esperar un poco a que se aclarara el cielo, que sucedía por
momentos. Luego me detuve en el Mirador de Isora, una serie de terrazas con excelentes vistas a Punta de la Bonanza, que también se encontraba cerrado por obras,
pero se puede acceder desde un lateral del risco y observar hasta el
Parador Nacional de Turismo en la costa de las Playas.
Situada a 700mts. de altura,
Valverde, es una pequeña ciudad tranquila, punto de partida para
recorrer la Isla, que en el año 2000 fue declarada Reserva
de la Biosfera por la UNESCO. Destaca su antigua calle, la del Doctor Quintero con pavimento
de adoquines en la que abundan las casas señoriales, tiendas,
bancos, bares, cafés y restaurantes, una de sus calles más comerciales.
Destaca en su plaza central la
Iglesia de la Concepción construida en 1544, que
tras experimentar numerosas modificaciones a lo largo de la historia,
hoy en día mantiene su peculiar estilo barroco canario. Cada cuatro
años la Virgen de los Reyes -"Patrona de la Isla"-, es bajada en
romería desde Sabinosa hasta Valverde tras haber recorrido toda la isla, proceso
que dura casi un mes. Mientras la Virgen está en la capital,
permanece en el interior de la esta iglesia. En frente se encuentra
el Ayuntamiento, que representa un magnífico
ejemplo de la arquitectura tradicional canaria.
Otro lugar que no se debe
dejar de visitar es el Centro Etnográfico Casa de las Quinteras,
un conjunto de inmuebles restaurados, de piedra volcánica y techo de tejas rojas, en el barrio de Tesine, dedicado a difundir el trabajo artesano que han realizado
los herreños a lo largo de los siglos. Conocida también como “Las Quinteras”, dispone de cuatro salas en las que se exponen artículos de distintas actividades, como la
elaboración de tejidos, herrería, carpintería o alfarería. También hay una tienda donde comprar la artesanía
típica de El Hierro.
Ha llovido toda la tarde y noche. El
tiempo sigue siendo muy inestable debido a la gran borrasca
concentrada en las azores que está incidiendo casi directamente en
las islas occidentales con gran cantidad de lluvia. Las noches son algo frías, bajando de los 15ºC a causa del
viento fuerte que está soplando desde hace una semana.