El trayecto nocturno desde San Sebastián
de La Gomera hasta Santa Cruz de La Palma, en un ferri con
muy pocos pasajeros y una mar bastante más movida, duró dos horas y media.
La primera noche la hice en una amplia zona de
aparcamiento cerca del hotel Rocamar, un clásico para mi grupo de gente en la capital donde nos hemos estado quedando los últimos años para participar tanto en las fiestas
de los Indianos como la de los Enanos de La Palma. Noche templada y con el sonido de fondo del
romper de las olas.
Por la mañana, un desayuno ligero en la
tienda de “ la Esquina” en plaza San Fernando con Avda.
Marítima, una antigua tienda de comestibles, otro clásico en la capital, y
vueltas de reconocimiento por una ciudad "limpia de talco como nunca la había
visto!" (una retórica mía). Sin duda alguna, no es tiempo de Indianos. Me llama mucho la atención el poco turismo y algunos centros turísticos cerrados debido al COVID.
Siempre me ha encantado deambular entre sus calles que
siguen reflejando aquel viejo carácter de antaño con antiguas edificaciones muy bien
conservadas (lamentablemente otras no), calles adoquinadas, un centro peatonal
declarado Conjunto Histórico-Artístico, casas solariegas y balcones
de madera repletos de flores en un animadísimo paseo marítimo colmado de tiendas, bares y restaurantes. Una ciudad coqueta y de larga tradición marinera que en sus museos recuerda historias de corsarios, conquistadores y grandes aventuras de ultramar. Aún se puede sentir
la carga histórica del que fue un puerto de gran importancia en la Europa del s.XVI.
Es muy sencillo entender la importancia
histórica de esta pequeña ciudad simplemente observando tanto monumento junto en la plaza España, punto neurálgico y, sin duda, mejor conjunto renacentista de Canarias. Ha funcionado a lo largo de la historia en su doble uso como plaza mayor destinada a la celebración de actos civiles y como plaza de la parroquia matriz. Abierta en su origen a la calle Real, el centro de la plaza lo preside el Monumento al padre Manuel Díaz, figura clave de la política, la educación, la cultura y la beneficencia palmera durante la primera mitad del s.XIX, y al otro extremo, arrinconada, se encuentra la Fuente pública de cuatro caños, de estilo
renacentista, construida en 1588, coronada por un frontón triangular con vértices rematados por un sencillo pedestal y adornado con diferentes escudos de armas. Durante
décadas aseguró el abastecimiento de agua de la capital, quedando con
el paso de los siglos relegada a un papel puramente decorativo.
A su alrededor se encuentran varios inmuebles de interés: la casa Monteverde (plaza
España, 1), construida después de 1618
y reformada entre 1922 y 1935; la casa Lorenzo (plaza
de España, 2), de fachada clasicista del s.XVIII
y remodelada en 1900; la iglesia de El Salvador (plaza de España, 3), una opulenta edificación, patrimonio artístico y variado (comenzada la construcción entre 1500-1512 con múltiples restauraciones hasta 1947), con fantásticos artesonados de estilo mudéjar que le dan un aire arabesco muy particular: cubiertas mudéjares, esculturas flamencas, rasgos góticos y renacentistas, orfebrería e imaginería barroca, retablos neoclásicos, un coro rococó y óleos de pintores reconocidos entre muchísimos más elementos; y la torre de su campanario, de principios del s.XVI; la casa Massieu (plaza de España, 4), con fachada del
s.XVIII, reconstruida en su interior como sede de CajaCanarias (Caja Cívica),
la casa Pereyra (plaza de España, 5), levantada en su
estado actual en 1864; y las Casas
Consistoriales, fuera de la plaza, construida entre 1559 y 1567 con cantería traída desde La Gomera, su fachada principal de dos plantas constituye el mejor ejemplo de arquitectura
renacentista civil de Canarias: una arquería en la
planta baja, en la segunda se distribuye dos ventanales de arcos rebajados y
otras dos adinteladas. El interior, reformado a mediados del s.XX, cuenta
con un mural en el hueco de la escalera. En el vestíbulo y en la sala
capitular, las carpinterías, inspiradas en los modelos mudéjares, que decoran las
techumbres y la escalera. Entre otros bienes interesantes destacan el Pendón real (de la isla de La Palma), una pieza de
damasco y lino con bordados de hilo de seda y metálicos del s.XVI; un
escaño o silla de madera del s.XVII con tallados florales, cabezas de
leones y bustos antropomorfos; una colección de lienzos y los retratos de los
reyes Isabel II y Alfonso XIII.
La calle Real es la arteria
principal del centro histórico y para mí la más bonita e interesante de la ciudad.
Está dividida en 3 tramos: calle O´Daly (en recuerdo de
aquel comerciante irlandés que hizo historia en la
isla desafiando a los regidores corruptos de la época y
logrando que Santa Cruz fuese el primer Ayuntamiento
de España en elegir a sus gobernantes por sufragio), calle Anselmo
Pérez Brito y calle Doctor Pérez Camacho. Aquí se intuye
una indudable conexión con su pasado y el hecho de que fuese lugar de salida y
regreso de los barcos que partían hacia América. Este estilo
colonial con fachadas de vivos colores, placetas con mucho encanto y
callejones perpendiculares es por los que vale la pena perderse.
Entre los edificios más emblemáticos se
encuentra la Casa Salazar, la Casa Massieu Tello de
Eslava, la Casa Sotomayor o la Casa Pinto,
magníficos ejemplos de arquitectura civil tradicional palmera de
los s.XVI, XVII y XVIII.
Como no, Las Casas de los
Balcones, probablemente una de las imágenes más icónicas de Sta.
Cruz de La Palma, conjunto de antiguas viviendas mayoritariamente,
pintadas en diferentes tonos y con unos extraordinarios balcones de
madera llenos de flores, frente al mar y el extenso arenal de origen volcánico abierto al público como playa artificial desde abril de 2017. Curiosamente, son la parte trasera de
varias viviendas cuya fachada principal se ubica en la calle Real.
Las monumentales Plazas de San Francisco y
Santo Domingo protagonistas de
los años más álgidos de comercio entre la Isla y los antiguos Países
Bajos representados en forma de arte flamenco. Especialmente
destacable en la plaza de San Francisco es el Real
Convento de la Inmaculada Concepción en el cual se ubica el Museo Insular de La Palma. Terminada la conquista de La Palma,
los frailes franciscanos que habían colaborado con Alonso Fernández de
Lugo en el proceso de evangelización e incorporación de la isla a
la Corona, se instalaron inicialmente cerca del barranco de
Las Nieves. Poco después, en 1508, se fundó en este lugar el
nuevo convento de San Francisco, gracias a donaciones.
Sobre la portada principal, con remate mixtilíneo de gusto barroco (s.XVIII),
se conserva aún el escudo real alusivo al patronazgo de la Corona, y el antiguo reloj de sol (recuperado en 2012), que desde 1720 y
hasta mediados del siglo pasado presidió la fachada principal de la iglesia. Distribuido en su interior siguiendo el canon de planta de cruz latina, la capilla
principal la adorna el antiguo retablo mayor de la ermita de San José,
que contiene, en el nicho central del segundo cuerpo, la imagen flamenca de
la Concepción de Nuestra Señora. El primer cuerpo lo ocupa la
talla barroca de San Francisco de Asís,
fundador de la orden. Tras la desamortización y después de varias reformas, el
templo acabó convirtiéndose en un auténtico museo de escultura sacra, abarcando piezas que datan desde el s.XVI hasta el s.XX de distintas procedencias y talleres.
También muy importante es el antiguo convento
de San Miguel de las Victorias, en la plaza de Santo Domingo,
en cuya iglesia se pueden admirar seis magníficas tablas flamencas y otras
obras barrocas.
El Museo Naval, se encuentra
cerrado por el COVID. Situado en la plaza de la Alameda es un
navío réplica exacta de la carabela Santa María Colecciona objetos
históricos relacionados con el sector naval: cartas, instrumental de
navegación, maquetas y muchísimos objetos que nos hablan de la historia de la
ciudad, que desafortunadamente no pude ver.
El Castillo de Santa Catalina,
al final de la avenida, o al principio (entrada N.), según por dónde se acceda a la ciudad,
una fortaleza del s.XVII que domina todo el litoral y cuya
función era la defensa de la ciudad ante los ataques corsarios.
El Castillo de la Virgen, de
la misma época que el anterior, una construcción que presume de hablar con el
navío de la Alameda y de tener una de las mejores vistas de la
ciudad. El
singular y emotivo Diálogo entre el Castillo y la Nave es uno
de los actos más importantes y de mayor tradición y arraigo en el
programa de festejos en honor a Nuestra Señora de Las Nieves con motivo de su
Bajada Lustral. Tiene lugar en el momento en el que el solemne desfile
procesional pasa ante el Barco de La Virgen en la mañana del domingo de
la Semana Grande. Se produce antes de que "la Morenita" haga
su entrada en la calle Real en su desfile desde la parroquia de La Encarnación -5kms. más arriba-, hacia la
Matriz de El Salvador. Su urna de oro es detenida por la Nave, donde la multitud sigue atenta el desarrollo de esa escena en la que
son actores las salvas de saludo que se disparan tanto del Barco como del
Castillo, a ambos lados del Barranco de Las Nieves. Es en el interior de estos dos monumentos donde se oyen las voces de los dos capitanes enfrentados, ataviados con
indumentaria de época, una estampa de gran emotividad y espectacularidad.
La Parroquia
de La Virgen de la Encarnación, está ubicada en la Cuesta de
la Encarnación. Fue el primer templo construido en Santa Cruz de La
Palma (finales del s.XV). Su interior formado por una sola nave posee un retablo barroco del s.XVIII, el
cual acoge en su nicho central el grupo escultórico de La Anunciación,
del s.XVI, compuesta por el arcángel San Gabriel y la Virgen realizados en madera policromada. El templo cobija y custodia, cada cinco años la imagen de Nuestra Señora de Las Nieves en
la víspera de su lustral Bajada a la Ciudad.
Salir un poco del extraordinario centro histórico es sin duda alguna pasear por el Barrio de la Canela que pasa desapercibido. Ejemplo fantástico de casas
históricas de varias épocas, con marcado carácter
colonial, situado entre la zona alta de la ciudad y la Plaza de España. El nombre de La
Canela se debe al aroma que desprendían los dulces que se elaboraban
en el barrio, desde la calle San Sebastián y
su plaza hasta la Plaza Dornajo.
O por el Barrio San Telmo, otro
buen exponente de arquitectura tradicional canaria, sobre todo la Calle
Sol y la Calle El Tanquito.
Finalmente, doy un salto a la plaza de la Constitución, donde se encuentra la Oficina
de Información Turística, conocida popularmente como la Casa de Cristal, una obra de reciente
construcción singularizada por su luminosidad y por su armonía con las especies vegetales que se encuentran en su interior y a su alrededor, en busca de algunos mapas y folletos de empresas de buceos. El personal, muy amable, me ofreció bastantes consejos para explorar la isla de manera independiente.
En frente está el monumental edificio
de Correos, obra de inspiración clasicista, de línea horizontal, dividido en cuatro
plantas, y en cuya composición sobresalen los tres arcos de medio punto
enmarcados por pilastras y el frontón triangular de la cuarta planta.
Unas compras momentos antes de
emprender el recorrido por la isla de queso, plátanos, tomates y cebollas
en el minúsculo Mercado de La Recova, un elegante
edificio de arquitectura neoclásica en el que destacan su doble fachada y,
como principal elemento característico, su lucernario central, que aporta luz
natural a todo el recinto. Con más de un siglo dando vida a la ciudad, y tras
algunas reformas consta de trece lonjas y doce puestos en los que puede
encontrarse una gran variedad de productos frescos de la tierra como frutas y
verduras, carnes, pescados, flores y plantas, vinos, repostería, etc.
El tiempo sigue siendo muy inestable y
antes de que lleguen las lluvias prevista para el fin de semana me he dirigido
hacia el Parque Nacional de Taburiente para realizar
varios senderos.
La primera parada, nada más salir de la
ciudad, ha sido en el Santuario de la Virgen de Las Nieves, el
principal centro de culto mariano de La Palma. Se funda con el
traslado de la imagen de la Virgen (de terracota policromada) desde la cueva
del barranco donde fue colocada en la etapa evangelizadora de la isla por los
primeros conquistadores. Sigue el modelo constructivo de las ermitas palmeras:
la capilla mayor es más alta que la nave a partir de las obras realizadas
en 1876 que cambiaron el artesonado de su techumbre por una
bóveda de medio cañón, decorada en 1894 con un proyecto sobre
la Asunción de la Virgen; la capilla mayor y la nave están
separadas por un arco toral, realizado en 1740; la nave cuenta con
púlpito ochavado y baptisterio desde 1672, tras la fundación
parroquial; en el lado de la Epístola, hacia la plaza, presenta
pórtico clasicista y la puerta principal, orientada hacia el sur, consta de
balcón exterior comunicado con el coro, desde el que se tañen las campanas; en
las esquinas este-sur, se aloja un reloj de sol de madera de tea, recientemente
restaurado, datado entre 1733 y 1740. Aún conserva el original pavimentado de 1703,
compuesto de losetas de barro cocido y divisiones rectangulares con molduras de
tea que marcan las antiguas fosas de enterramiento.
La capilla mayor está
presidida por un retablo de factura portuguesa, de tres nichos y remate
semicircular. En el principal se halla la imagen titular, sobrevestida,
enjoyada y coronada. El tesoro del santuario se compone, además, de varias
imágenes flamencas (San Miguel Arcángel, Nuestra
Señora de los Ángeles y el Calvario) y barrocas (Virgen
del Buen Viaje, Niño Jesús del Baptisterio, San Antonio de Padua y San
José), además de una amplia colección de pinturas: efigies de Nuestra
Señora de las Nieves, la serie de la Vida de la Virgen,
la Inmaculada, San José y San Joaquín; la
sacristía, el museo de arte sacro y el camarín conservan otras piezas que
abarcan escultura, pintura, orfebrería, porcelanas y mármoles, joyería y
textiles del ajuar eclesiástico y de la imagen.
Siguiendo la carretera
dirección El Paso (por la LP-202) un desvío
hacia la Ermita de Nuestra Señora de la Concepción lleva a un
espléndido mirador sobre el cráter de la Caldereta (el Mirador
de la Concepción), declarado Monumento Natural, que
ofrece una interesante perspectiva con el puerto en primer término, unas inmejorables vistas sobre Sta. Cruz y hacia el otro lado la vista alcanza hasta el Aeropuerto de La Palma.
Esta ciudad se fundó el 3 de mayo de 1493 por
el Adelantado Alonso Fernández de Lugo en la desembocadura del
riachuelo donde estaba la cueva del antiguo jefe del reino de Tedote (la
actual Cueva de Carías, al norte de la ciudad). La elección para establecer la capital fue debido a las características portuarias
del enclave, protegido de los vientos e idóneo para que recalasen los barcos.
Santa Cruz se extiende en forma de anfiteatro,
está resguardada y limitada en su flanco sur por la imponente mole del Risco
de la Concepción, que se eleva a unos 400mts. sobre el nivel
del mar, pared de un antiguo volcán, que condiciona el desarrollo urbano de la
ciudad en esta zona.
Antes de que fuera horadado el primer
túnel que permitió el tránsito de personas y vehículos en condiciones fiables, aunque sujeto a los frecuentes embates de la mar –que entraba a rociones por
los respiraderos que aún existen–, para pasar de un lado a otro había que
esperar a la bajamar, de ahí el nombre de la zona.
Parece ser que quienes vivían fuera
de la ciudad, y que venían a comprar o vender sus productos, estaban siempre al tanto de
las mareas. Llegaban y esperaban pacientemente a que se produjera la bajamar y
se formara una pequeña playa por la que cruzaban sin mojarse. El límite máximo de tiempo de estancia en la capital lo imponía la pleamar, es decir,
regresaban a sus casas antes de que volviera a subir la marea. Por eso,
precisamente por este tránsito de personas, justo en los momentos en los que
bajaba la marea, a esa zona se la conoce con el nombre de Bajamar.
Justo al otro extremo, desde
el Mirador San Juanito a 6kms. de la capital, se obtiene otra perspectiva muy buena de Santa Cruz.
Una vez alcanzada la carretera del centro
(LP-3) con dirección a Los Llanos de Aridane ésta pasa
por el Centro de Visitantes de La Caldera y allí me
detuve para recabar toda la información necesaria para moverme dentro del Parque pero,
sorprendentemente, los dos empleados que atendían en ese momento apenas tenían conocimiento informativo de la Caldera. Este edificio multiuso, con áreas
dedicadas a la atención del público en una oficina administrativa, dispone de
cuatro salas: recepción, información y librería, a la entrada; sala de
exposiciones, con información general de la Isla y del Parque Nacional
(espacios protegidos, geología e hidrología, vida animal y vegetal, medio
humano, y senderos en el Parque); sala de proyección donde se emiten diferentes
audiovisuales en varios idiomas; una excelente exposición sobre los valores
naturales y culturales del Parque y biblioteca sobre Parques
Nacionales, historia natural de las Islas Canarias y de
la Caldera de Taburiente.
Hay que bajarse en código QR toda
la información actualizada sobre el estado de los senderos y mapas, porque no dan
papel.
Anexa al Centro de
Visitantes una carretera secundaria (LP-302) sube a La
Cumbrecita (1.287mts.) hasta el parquin de su mirador donde comienzan varios
senderos a través de la Caldera. Pero como no había reservado
hora para acceder a ese punto (www.reservasparquenacionales.es) tuve que
esperar hasta las 16:00 para entrar pues ya no hace falta el
permiso. Parece ser que es cuando menos turistas suben hasta su Mirador.
La entrada, con barrera controlada por un vigilante, se encuentra a varios kilómetros del Centro.
Hay que mostrar el Permiso para poder seguir. Al llegar, otra
caseta informativa con otro vigilante ofrece toda la información necesaria y también sobre la climatología
de la caldera. Hay que dejar en un lugar visible una nota con las horas reservadas para un mejor control de visitantes.
Los senderos principales que bajan
desde La Cumbrecita hasta la Zona de Acampada y
parte de la ladera Este estos días están cerrados por
derrumbes y no se pueden utilizar. La única opción es pasear por varios
miradores cercanos.
Se puede alcanzar por la parte N.
el Pico de las Nieves (2.230mts.) con unas excepcionales vistas
hacia el Roque Bejenado (1.857mts.), el Alto del Roque
de los Muchachos (2.426mts.), el Pico de la
Cruz (2.351mts.) o la Punta de los
Roques (2.087mts.), entre otros.
Como disponía de pocas horas de luz me
limité a caminar por un sendero fácil que comienza a unos pocos metros del primer aparcamiento, sin apenas desnivel acompañado por numerosos paneles informativos, que explican los accidentes geológicos que vamos encontrando (diques, erupciones antiguas, erosión intensiva, etc.). A la derecha se observa toda la corona montañosa de La Caldera, desde su extremo oriental en la Punta de los Roques hasta la cota máxima en el Roque de los Muchachos (reconocible por las siluetas blanquecinas de los observatorios astronómicos), a través de un pinar a media ladera sobre sustrato volcánico muy alterado y erosionado que concluye en el mirador del Lomo de las Chozas, un espigón de roca proyectado al interior
de La Caldera que permite tener una mejor perspectiva de su interior, con el
barranco de Guanagua a la izquierda
y el de Rivanseras a la derecha. Una excelente experiencia para hacerme una idea de lo que me iba a
encontrar los próximos día al caminar por la zona. Mirar
hacia arriba y ver el majestuoso Roque Bejenado es quedarse
perplejo ante tal magnitud de roca en medio de la Caldera. Lo
dejaré para otro momento pues ganas tengo de alcanzar su cima.
La Red de Senderos de La
Palma, atraviesa una gran variedad de climas, relieves y paisajes tanto
naturales como culturales. Recorre todo el territorio insular aprovechando los
caminos tradicionales utilizados durante siglos por los habitantes de esta
isla. Son senderos sencillos y seguros, señalizados mediante flechas
direccionales, paneles informativos y balizas de pintura. Tienen iniciales de
color. Rojo, GR, (sendero de gran recorrido que dura más de una
jornada); Amarillo, PR, (sendero de
pequeño recorrido que puede realizarse en un día); y Verde, SL (sendero
local, inferior a 10Kms.), y un número identificativo.
Al comenzar a oscurecer me dirigí a Los Llanos de
Aridane para, desde allí, tomar una estrecha carretera de tierra,
debidamente señalizada, que desciende hasta el fondo del barranco de
Las Angustias, donde se encuentra la zona de Parquin y Parada de Taxis que
suben todas las mañanas (08:-12:30) hasta el Mirador de Los
Brecitos (51€/entre 4 pax.) a los senderistas interesados
en recorrer algunos de los tramos del interior de la Caldera. Allí
pasé la noche para ser de los primeros en montar en transporte público. La
noche fue excepcional: buena temperatura, limpia, estrellada y con una luna
casi llena elevándose entre los riscos.
Justo a las 8 de la
mañana ya éramos los cuatro necesarios para que partiera el primer Taxi por su zigzagueante estrecha carretera hacia el Mirador de los Brecitos (aprox. 9Kms.),
comienzo del sendero a 1.080mts. de altitud. El Sendero (PR LP13), que viene
de Los Llanos de Aridane pasa por este Mirador y
va descendiendo hacia “playa de Taburiente”, una zona de descanso donde
se puede acampar habiendo pedido previamente el Permiso correspondiente junto al Centro de
Interpretación. La
zona de acampada está situada en una plataforma entre el Roque de la
Brevera Macha, el Roque salvaje y el cauce del río Taburiente. Es una zona al descubierto, no existe ningún refugio en el interior. No se puede acampar en otro lugar. Es necesario llevar todo el equipo (tienda de campaña, saco de dormir...). El sendero recorre luego la ladera O. hacia el interior de la Caldera atravesando
zonas de pinar adulto, pequeños barrancos, algunos con agua, bajo varios roques
(Roque del Huso, Roque Salvaje), diques y lavas
almohadilladas. Luego el sendero continúa camino hacia el Roque Idafe,
un peñón con forma de cuchillo donde dicen que los Benahoaritas (o ahuaritas), aborígenes
de la isla, adoraban al dios Abora. El lugar se conoce como «El
Reventón».
Luego continúa en dirección a Dos Aguas por el
cauce del Barranco del Almendro. Un desvío sin señalizar lleva
hacia la Cascada de los Dos Colores, pero al no haber llovido
apenas el agua que corría era mínima, no pudiéndose apreciar su característico
efecto cromático. No es un monumento natural ni se construyó como reclamo
turístico. En los 60′, se levantó una pared para contener el agua
de la Caldera. La abundancia de hierro en esta tierra básicamente ha coloreado la pared,
combinándose con el musgo y la tierra negra volcánica.
De vuelta, se recupera el sendero y hay
que descender en varias ocasiones al cauce (desdibujado) lleno de cantos que lo hace en ocasiones
dificultoso de caminar ya que varias partes están invadidas por
desprendimientos, alcanzando finalmente el aparcamiento del Barranco de
las Angustias, tras 6kms. de recorrido, después de 5h. total de recorrido.
Este barranco es uno de los paisajes más
sobresaliente de la isla por su espectacularidad. Las aguas que descienden de
la Caldera de Taburiente se unen en Dos Aguas y
forman el cauce del barranco que desemboca en las playas de Tazacorte. Lindero de varios municipios, las vistas
ofrecen paisajes vivos y cambiantes, lleno de vegetación rupícola,
destacando por lo abrupto de su terreno, que se recortan vertiginosamente
en rocosas y escarpadas paredes. Los Cedros y los Pinos completan
las tonalidades de la zona.
La noche la hice nuevamente en el barranco
pero esta vez comenzaba a descender la temperatura pues se preveía un rápido
cambio del tiempo. A peor.
Por la mañana los taxistas aconsejaban a
los senderistas que por haberse declarado riesgo alto por aproximación de lluvias posiblemente podrían haber serias dificultades en varios lugares del recorrido. Muchos
de ellos desistieron de su plan de caminarlo y se marcharon de allí.
Visto y oído lo que podría suceder a lo largo del día, aproveché para salir del
lugar y dirigirme a desayunar al puerto de Tazacorte, una pequeña urbe, antiguo refugio de pescadores, enclavada bajo los gigantes acantilados que lo rodean, con un paseo marítimo, restaurantes y cafeterías a pie de playa, rodeada de apartamentos vacacionales, y situada en la desembocadura que une el barranco de las Angustias con el barranco de Tenisca.
Descender por la carretera es observar extensísimas plantaciones de plataneras, un profundo verde que contrasta con el azul del mar. Varios miradores estratégicamente situados dan la posibilidad de disfrutarlo con calma.
El “Puerto” es muy popular entre los locales para pasear por la noche o los fines de semana. Lugar perfecto para disfrutar de un ambiente relajado en alguna de sus terrazas junto al mar, aunque su atractivo principal es su playa de arena negra protegida por dos muelles.
Durante los raros aguaceros invernales, el lecho seco del desfiladero durante todo el año se convierte en un torrente furioso. Estas inundaciones repentinas de corta duración hacen que las aguas de la costa se vuelvan marrones durante unos días, y los fines de semana la gente acude en masa para contemplar las fuerzas de la naturaleza en acción. La lluvia es una gran noticia aquí, evidentemente.
El puerto nuevo, inaugurado en el 2000 es utilizado por embarcaciones pesqueras comerciales y numerosas embarcaciones de recreo, y también actúa como base para empresas que ofrecen viajes de observación de ballenas y delfines.
Dicen que Tazacorte tiene
más horas de sol al año que cualquier otro lugar de Europa (3.000
horas al año). Los plátanos prosperan en un clima cálido y
soleado y Tazacorte es simplemente la capital bananera de la
isla. Hay plantaciones de plátanos por todos lados, incluso hay un Museo
del Plátano, donde la historia, la economía y las características botánicas
del cultivo se presentan en detalle.
En su costa inició la conquista de la
isla Alonso Fernández de Lugo, el 9 de septiembre de 1492,
desembarcando a 900 soldados y allí, entre su playa y su
villa, se vivieron con un latir especial todas las fases de la historia
de Canarias.
Poco tiempo después, se fundó la iglesia
más antigua de la isla en la ciudad principal de Tazacorte. Los
ricos propietarios flamencos de lo que inicialmente fueron haciendas de caña de
azúcar construyeron sus extensas fincas en esta parte de la isla, varias de las
cuales aún permanecen.
El cultivo en su día de la caña de azúcar,
que luego sustituyó el plátano, y el espíritu pescador de un pueblo que siempre
ha tenido presente el mar, han forjado el carácter de un lugar muy diferente.
De vuelta a la carretera me
detuve en su pequeña ciudad que es asombrosamente bonita. Desde su avenida
se observa que la gran mayoría de sus terrenos están ocupados por plantaciones
de plataneras y villas de los antiguos terratenientes a un lado y coloridos
edificios al otro. Puede que no todas sean obras maestras de la arquitectura,
pero su efecto combinado es sorprendente, con intrincadas calles y casas
tradicionales, y entre sus plazas y sus calles se mezcla el recuerdo de la grandiosidad de algunas épocas, con la dureza de la vida campesina. Aquí, entre los colores de sus casas, de sus fincas y de sus atardeceres yace un pedacito de la historia de este
rincón del Atlántico.
Las propiedades del casco histórico se
encuentran en una escala notablemente diferente. Fueron diseñados para ser una
ostentación de la riqueza de sus propietarios, después de todo. Uno de ellos,
el hotel Hacienda de Abajo fue reconvertido recientemente en
un hotel de lujo y se convirtió en el primer Hotel Emblemático de Canarias
(para obtener esta distinción es necesario adecuar un edificio histórico y
enriquecerlo con elementos culturales o artísticos significativos en su
interior). Muy cerca se encuentran algunas de las mansiones de
los s.XVI y XVII más impresionantes de La
Palma.